Un pack de herramienta cuesta a menudo entre un tercio y la mitad del precio de la máquina desnuda. Con tres packs muertos ya has pagado una segunda herramienta. Y sin embargo, la mayoría de los packs que acaban en el punto limpio no están gastados en sentido estricto: se cargaron ardiendo, se quedaron descargados seis meses en un garaje sin calefacción, o se pusieron a cargar a cinco bajo cero una mañana de febrero. La química de litio es tolerante con el uso e intransigente con las condiciones.
Entender lo que pasa dentro de la carcasa cambia la forma de usarlos, y no exige ningún material: tres mecanismos de degradación provocan casi todo el daño.
Qué hay realmente dentro de la carcasa
Un pack de herramienta es un conjunto de celdas cilíndricas normalizadas, casi siempre en formato 18650 o 21700, más un circuito de protección llamado BMS. Cada celda aporta unos 3,6 V nominales. El resto es aritmética: cinco celdas en serie dan los 18 V de una plataforma clásica, diez en serie dan 36 V. Cuando un pack anuncia más capacidad con la misma tensión, es porque hay varias ramas en paralelo.
Esa arquitectura explica dos cosas. Primero, un pack no muere de forma uniforme: es la celda más débil de la serie la que limita a todas las demás, porque el BMS corta en cuanto una sola celda alcanza su umbral bajo. Segundo, un pack de gran capacidad sufre menos por amperio pedido, porque la corriente se reparte entre más ramas: un pack pequeño en una máquina exigente trabaja permanentemente en el límite térmico. De paso, «20 V máx.» y «18 V» designan lo mismo, la primera cifra medida con la celda llena y la segunda como valor nominal de uso: no es una diferencia de prestaciones.
El calor, primer verdugo
Es el factor número uno, muy por delante del número de ciclos. La degradación de una celda de litio sigue una ley de tipo químico: se acelera con fuerza al subir la temperatura. Como orden de magnitud, diez grados más duplican aproximadamente la velocidad de envejecimiento. Un pack que vive a 40 °C pierde capacidad mucho más rápido que ese mismo pack a 20 °C, con un uso idéntico.
Y solemos acumular dos fuentes de calor: la descarga intensa en una motosierra o un atornillador de impacto y, acto seguido, la carga rápida. Un cargador que llena un pack en treinta minutos le inyecta una corriente elevada, y parte de esa energía se disipa en forma de calor.
- Déjalo enfriar antes de cargar. Quince o veinte minutos después de un trabajo exigente bastan. Muchos cargadores esperan por sí solos a que la sonda interna baje, pero ese rato de ventilación es ganancia neta.
- No cargues en el maletero de un vehículo ni contra un muro orientado al sur. El pack no ve la temperatura ambiente: ve la suya propia más la de su entorno.
- Alterna dos packs en lugar de ciclar uno solo. A igual carga de trabajo, cada uno pasa menos tiempo caliente, y el cargador estándar es más suave que la carga rápida cuando la herramienta no se necesita dentro de la hora.
Descarga profunda y ciclos: el contador que miente
A una celda de litio no le gusta bajar mucho. El BMS suele cortar hacia 2,5 V por celda para proteger el pack, pero después siguen actuando dos fenómenos: la electrónica consume una corriente de reposo mínima pero permanente, y la celda se autodescarga un pequeño porcentaje al mes. Un pack guardado descargado en noviembre puede así cruzar en febrero el umbral por debajo del cual la química se degrada de forma irreversible. Llegado ese punto, el cargador se niega a arrancar: es una protección, no una avería. Recargar una celda que ha bajado demasiado puede crear depósitos metálicos internos, con un riesgo real de calentamiento. Un pack no se guarda nunca vacío.
En cuanto a los ciclos, el orden de magnitud aceptado para celdas de calidad en uso doméstico va de 300 a 500 ciclos completos antes de caer hacia el 80 % de la capacidad inicial. Solo que el ciclo contado es un ciclo completo equivalente: vaciar un pack del 100 al 0 % una vez, o del 100 al 50 % dos veces, cuenta igual. Y la profundidad de descarga lo cambia todo: un pack que nunca baja del 20 o el 30 % aguanta muchos más ciclos equivalentes. De ahí una conclusión poco intuitiva: más vale recargar a menudo y parcialmente que rara vez y a fondo. La costumbre heredada de las baterías de NiCd, vaciar del todo antes de recargar, es justo lo que no hay que hacer aquí.
El desequilibrio de celdas
Con el tiempo, las celdas de una misma serie derivan: capacidades ligeramente distintas, resistencias internas que divergen. El síntoma típico es un pack que se carga «lleno» en pocos minutos y luego se vacía en tres cortes: una celda llega arriba, el BMS detiene la carga y el pack está lejos de estar lleno.
La mayoría de los BMS equilibran las celdas, pero solo al final de la carga. Un pack que se desengancha sistemáticamente al 80 % no se equilibra nunca. De ahí el compromiso: uso corriente con cargas parciales, y una carga completa llevada hasta el final del ciclo cada diez o quince usos. Las señales que deben alertarte:
- Autonomía dividida por dos o más mientras los demás packs de la misma plataforma aguantan.
- Corte brusco en plena carga de trabajo, sin caída progresiva de régimen.
- Calentamiento anormal en un lado de la carcasa, o indicador que pasa de cuatro a un LED en pocos segundos.




